El anuncio oficial de la llegada de Gustavo Larrea al gobierno es inminente. Y es una formalidad porque él ya tiene oficina en Carondelet. El cargo definido, por ahora, es asesor político del Presidente. Pero, claro, todo el mundo sabe que será un asesor especial por la relación personal que lo une a Lenín Moreno desde la universidad, cuando Moreno quería estudiar sicología. Y por el proyecto político que les ha sido común, pues Moreno militó en el MIR; movimiento del cual Larrea fue el máximo dirigente.

La llegada de Larrea no estaba prevista tan pronto. Pero la cascada de eventos que se han producido desde que el Fiscal reveló algunos nombres, hizo algunos allanamientos y detenciones obligó a Moreno a precipitar la decisión. Quiere tener a su lado a Larrea. Con él suma un estratega que no necesita presentación: es un hombre sagaz y un político experimentado y pragmático capaz de dialogar y transar con casi con todas las fuerzas políticas; salvo con Rafael Correa con quien se detestan. Con Larrea, Moreno puede construir un frente político que lucía totalmente desguarnecido. Paola Pabón, ministra de Gestión Política, es un peso más que liviano y Eduardo Mangas, secretario general de la Presidencia, un hombre con alguna incidencia puertas adentro, pero sin peso alguno en la dinámica política nacional.

Larrea es un 4×4. Es un estratega pero también un operador que no rehúye los trabajos de alcantarilla que los políticos hacen pero no promocionan. Él fue, con su equipo, el responsable de haber construido, en marzo de 2007, una mayoría en el Congreso con 21 diputados suplentes. Esta movida política se conoció como “los diputados de los manteles” que incluyó al Tribunal Supremo Electoral: el 9 de marzo destituyó 57 diputados y permitió que el gobierno armara un bloque que, con 51 votos, votó a favor de la consulta popular que dio paso a la Asamblea Constituyente.

Jugada política, inconstitucional, vergonzosa en la forma pues esos diputados suplentes ingresaron al Congreso a las 05:00 en dos buses custodiados por la policía, mientras la misma policía impedía el ingreso de los diputados titulares. Un golpe institucional en el cual hubo autoridades y diputados suplentes comprados. Oficialmente este evento nunca fue investigado.

Larrea es un zorro de la política en la cual ha vivido desde siempre. Su padre, magistrado y secretario del gobierno de Velasco Ibarra, tuvo que refugiarse en Venezuela con toda su familia: fue perseguido por las dictaduras militares. Demócrata, defensor de derechos humanos, Gustavo Larrea se forjó un perfil de hombre de izquierda. Sin embargo, estuvo vinculado al gobierno de Abdalá Bucaram como subsecretario de gobierno. Lenín Moreno estuvo a su lado como director administrativo.

Alianza País los volvió a juntar. Larrea tuvo un papel protagónico en la campaña de Correa y en la postulación de Moreno como candidato a la Vicepresidencia. Fue el primer ministro de Gobierno de Correa, pero fue despedido el 29 de noviembre de 2007 por un paro en Orellana, mal administrado según Correa. No obstante, Larrea fungía entonces entre las figuras fuertes del régimen al lado de Alberto Acosta, Vinicio Alvarado y Ricardo Patiño. 35 días después, Correa lo volvió a posesionar como Ministro Coordinador de la Seguridad Externa e Interna. Un año estuvo en el cargo y renunció para postularse, en el tercer puesto de la lista, como candidato a la Asamblea Nacional Constituyente.

La ruptura con Correa nunca se esclareció. En todo caso, Correa decidió retirarlo de esa lista de candidatos. Se dijo que esto se explicaba por la relación que tuvo un asesor de Larrea, José Ignacio Chauvín, con la red de narcotráfico de los hermanos Ostaiza que, aparentemente, estaba vinculada con las FARC. La ruptura se consumó igualmente alrededor de los famosos carnés de Raúl Reyes. En ellos, Reyes supuestamente escribe el 15 de febrero de 2008: “el Gobierno de Correa nos ha traicionado” y dice del ex ministro Larrea y de su ex subsecretario José Ignacio Chauvin, que “solo les interesa negociar con la merca”. En el entorno de Larrea se dijo y se sostiene que esos escritos fueron forjados en el gobierno de Rafael Correa.

Larrea atravesó ocho años como opositor. Su relación con Moreno volvió a ser evocada a comienzos de 2016 cuando se echó a correr la bola de que el ex vicepresidente de Correa podría ser candidato de Democracia Sí, el partido liderado por Larrea. El Tribunal Contencioso Electoral puso fin a esa posibilidad invalidando casi 200 mil firmas de las presentadas para inscribir ese partido. Larrea, no ajeno al triunfo de Moreno, trabajó para Paco Moncayo…

La llegada de Larrea a Carondelet será leída por los correístas como señal de enfrentamiento. Ya en marzo de 2016, en una entrevista con 4Pelagatos,Larrea calificaba de neofascista el modelo correísta y hablaba de reconstruir la institucionalidad democrática y desmontar, mediante una consulta popular, el hiperpresidencialismo que condujo al autoritarismo. “Hay que reconocer –dijo entonces– que se instaló una izquierda neofascista, dogmática y sectaria”.

Con Larrea en Carondelet se abre la posibilidad de que otro proyecto político tome forma: esto pasa por desmontar lo que Larrea llamó “una receta autoritaria y estatista” y transformar Alianza País o competir políticamente con ella. Habrá que ver si Moreno, y Larrea ahora a su lado en la gestión gubernamental, hacen esos cambios. Pero su llegada sella un momento aciago para los fanáticos correístas y para Correa mismo que nunca aceptó que, en política, lo más seguro es que la tortilla siempre se da vuelta…

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