La generación de energía hidroeléctrica (que emplea agua) alcanzó el porcentaje más alto de la última década.
Tras la incorporación de cinco centrales que usan esta fuente, el 81% de este recurso fue producido con estos sistemas, en el 2018.
Este porcentaje es hasta ahora el más alto de generación de energía con fuentes hídricas, según el Balance Energético Nacional 2017 y el Operador Nacional de Energía (Cenace). Esto ha convertido a Ecuador en el principal productor de energía en base a agua, en la región.
En Colombia y Perú, con esta fuente se genera alrededor del 60% de la energía, refirió el Colegio de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos de Pichincha.
Años atrás, en el 2009, la generación de este recurso dependía casi en proporciones iguales de las plantas hidroeléctricas (51%) y de las térmicas (48%).
Estas últimas emplean diésel, fuel oil, búnker y otros derivados, que son importados y contaminan el ambiente. Con el transcurso del tiempo, esa relación fue cambiando cuando empezaron a operar de manera progresiva, desde el 2015, Manduriacu, Sopladora, Coca Codo Sinclair. Y, desde fines del 2018, Delsitanisagua y Minas-San Francisco. Aún está pendiente que entren en funcionamiento las centrales hidroeléctricas Toachi-Pilatón, Mazar-Dudas y Quijos. En toda esta nueva infraestructura el Estado ha invertido alrededor de USD 5 600 millones, hasta enero pasado.
La incorporación de las cinco, cuya construcción se inició en el Gobierno anterior, permitió que la capacidad instalada para producir energía suba, refirió Eduardo Rosero, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Energías Renovables y Eficiencias Energéticas.
Ampliar Manduriacu, ubicada en Pacto (Pichincha), entró en operación en marzo del 2015. Tiene una potencia de 65 MW. Foto: Archivo / EL COMERCIO Tras la incorporación de estas plantas, la capacidad total para producir energía (potencia) ascendió a 7 018 megavatios (MW).
Aunque la demanda máxima de este recurso fue, en el 2018, de 3 933,4 MW, según información del Viceministerio de Electricidad. Aunque estas cifras implican una sobrecapacidad de potencia instalada, Rosero estima que debido al crecimiento de la demanda en los próximos años existirá un déficit.
Pese a este incremento de la generación hidroeléctrica y de la potencia, Fernando Salinas, presidente del Colegio de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos de Pichincha, considera que el esquema actual de producción no implica un cambio de la matriz energética del país, que impulsaba el Gobierno con la construcción de las nuevas centrales.
“En realidad lo que se produjo fue un cambio en la matriz de generación de energía eléctrica”, expresó Salinas. Este cambio no ha implicado la eliminación de los combustibles fósiles, aunque sí se ha reducido su utilización. En el 2018, las centrales térmicas -que usan combustibles fósiles- aportaron con apenas el 19% del total de la energía producida.
Esto representa menores costos y gastos operacionales, porque se deja de emplear derivados. En promedio, el costo de generación de energía con plantas térmicas oscila entre 3,5 centavos y 10 centavos por kilovatio, depende del derivado que se emplee. Mientras que la energía que se produce con recursos hídricos fluctúa entre menos de 1 centavo por kilovatio y 2,3, mencionó el Viceministerio de Electricidad.
Estos costos no incluyen la inversión ejecutada en los proyectos, debido a que así establece la normativa. Para los especialistas en temas energéticos, el uso de generación térmica, aunque causa un mayor impacto al ambiente, es indispensable para mantener estable el sistema. Esto permite que el país cuente con electricidad incluso cuando ocurren fenómenos meteorológicos; es decir, relacionados con el clima.
También en el caso de que se produzca un evento natural o posibles problemas operacionales en las centrales. Las vertientes que alimentan las centrales hidroeléctricas atraviesan por una época de sequía. Esto hace que en estas plantas se reduzca la producción de energía eléctrica. En la época lluviosa, en cambio, se puede aprovechar de mejor manera esta infraestructura, incluso se puede exportar este recurso.
En el 2018, por ejemplo, se vendieron 273 gigavatios hora (GWh). Esto representa el 1% del total de la producción. Los principales compradores son Colombia y Perú. En el 2009 se exportaban apenas 21 GWh. Aparte del agua y los combustibles fósiles, el resto de producción de energía del país se cubre -en menores porcentajes- con fuentes amigables con el ambiente: agua, sol, viento, gas natural y caña de azúcar. En total, con estos recursos se generaron 154 GWh el año anterior. Esto representó menos del 1% del total de la producción energética que ascendió a 25 717,6 GWh.
En contexto La incorporación de cinco centrales hidroeléctricas, de ocho que estaban planificadas, permitió que en la última década la producción de este recurso se haga en su mayoría empleando recursos renovables como el agua y se reduzca el uso de combustibles. Inversiones

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