El 2 de abril muchos contuvimos la respiración por un largo momento. Se nos hizo eterno el tiempo hasta que hubo resultados irreversibles. Muchos salimos a esperar los resultados en la puerta misma del CNE. Muchos saltamos de alegría cuando se ratificó el triunfo de la Revolución Ciudadana.

Muchos escuchamos esa misma noche al electo Presidente Lenin Moreno reiterar su compromiso con la revolución ciudadana. El mundo entero vio de primera mano cómo el Ecuador reconocía los increíbles resultados de los primeros 10 años de lucha por transformar este país y nos daba 4 años más de confianza para seguir esa senda. No otra.

Sin embargo, después del 24 de mayo, esos mismos muchos que celebramos la victoria que tanto esfuerzo, sudor y lágrimas nos costó, empezamos a presenciar, con un creciente asombro, cómo el nuevo Presidente de la República empezaba a renegar de esa senda, como si la senda hubiera sido un desastre para el país y no lo que fue.

Detrás de una máscara de nuevos tiempos y nuevos estilos, todos miramos cómo, a propósito de un esfuerzo por diferenciarse, se empezó a tirar lodo sobre todo lo que era realmente significativo de los 10 años previos, como si la lucha que muchos luchamos durante tantos años hubiera sido un cáncer para el país. Entonces, hemos ido entendiendo que no era la intención marcar un estilo diferente (que era obvio) sino que era marcar una senda y un destino diferentes. Y ¿qué es eso sino, una renuncia a la revolución? Muchos de esos muchos, defendimos la década ganada y defendimos a Lenin Moreno a capa y espada, marcamos tantas diferencias, incluso con nuestros cercanos que aún hoy hay familias que no han vuelto a compartir la mesa, por esa defensa. Y total, los locos hemos sido nosotros, en lugar de un “gracias y continuamos la lucha”, recibimos un “para qué pelearnos”.

Los locos fuimos nosotros, los que lo defendimos de cada Llevin publicado en redes sociales, los que nos enardecimos con el monigote de un hombre en silla de ruedas colgado de un puente, los que argumentamos en cada oportunidad que tuvimos, lo importante que fue el tiempo de Lenin en Ginebra. Los locos fuimos nosotros.

Con el paso de las semanas, con una desesperanza de pronto aparecida, hemos asistido a la ruptura total con el proceso revolucionario que transformó al Ecuador. Y no, no basta con decir que “la revolución evoluciona y no vuelve a sus orígenes” cuando acudimos precisamente al desmantelamiento de todos y cada uno de los logros que han sido reconocidos a nivel mundial.

Porque eso es lo que está pasando. El mejor indicador de que así sea es que cada una de las medidas tomadas o por tomar, recibe ecos y aplausos de… ¡la oposición!, no de los que se fajaron por lograr que Lenin Moreno sea presidente, sino de los partidos políticos de oposición. Que los Bucaram reconozcan la buena gestión de Moreno no es credencial que valga en ningún lugar del planeta.

Que Nebot diga que “está bien, pero falta” es un insulto a todos los socialistas que hemos luchado palmo a palmo por construir un Ecuador para todos, sin exclusiones. Que los bancos estén felices con lo avanzado (retrocedido) por el actual gobierno no debe ser sinónimo de alegría, al menos no para los que se han fajado por poner a raya a la banca. Que los medios de comunicación, que en campaña mintieron de manera impune en contra de Lenin y que fueron incapaces de reconocer su victoria, acudan a Carondelet y reconozcan que “ahora sí hay democracia” sólo quiere decir, que la revolución ha sido herida, talvez de muerte.

Nada puede ser más contrarrevolucionario que pensar que volver al estado de cosas de 2006, haciendo pactos de la regalada gana, entregando a los propios sectores interesados el manejo de la cosa pública en la que salen beneficiados, y siguiendo la agenda de los medios y no la del proyecto político, y no la del plan de gobierno que ganó en las urnas, sea “evolucionar en la revolución”.

¿Quién puede creer que una revolución evolucione cuando ahora resulta, que el gasto público es insostenible e irresponsable? Nuestra premisa fundamental fue construir un Estado para la gente, al servicio de la gente, atendiendo todas las necesidades básicas y los derechos fundamentales de todos los ecuatorianos. ¿Cómo se hace eso sino se aumenta el gasto público? ¿Dónde dice que el gasto público es malo? Solo en los manuales de texto de las escuelas económicas “pragmáticas” (léase de derechas).

Nosotros apostamos a un Estado presente, no a uno mínimo, y lo hicimos porque creemos que el Estado no es sólo un árbitro en las relaciones de mercado, sino que su razón de ser es la construcción de una sociedad socialmente incluyente, inclusiva y con oportunidades para todas y todos, no solo para los que nacen en cuna de oro.

Decir que se gastó en demasía e irresponsablemente quiere decir que no debimos hacer todas las inversiones que se hicieron en conectividad, tanto física como digital, no debimos hacer todos los esfuerzos que se hicieron para construir un sistema de salud pública gratuito y al alcance de todos (tan bueno que hasta ONU lo reconoce); no debimos hacer escuelas del milenio y repontenciar muchas otras. Significa que no debimos invertir en contar con los mejores servidores públicos, y, por tanto, era mejor mantener sueldos de miseria para los policías, los militares, los profesores, los médicos, los jueces, que es donde se concentra más del 80% de servidores públicos.

Si para el actual gobierno esto estuvo mal, ya todo lo demás estará mal. Este es el punto fundamental de inflexión. Durante años, trabajamos en la construcción de un Estado socialista (NO populista) y resulta que ahora eso, estuvo mal. Lo que ahora se debió hacer fue imponer medidas neoliberales. Aquí no hay revolución posible entonces, con un gobierno que claramente no ha sido socialista, y, de hecho, ni siquiera socialdemócrata. ¿Qué hace en esta revolución ciudadana y claramente socialista, un ciudadano del centro hacia la derecha? Ojo, me parece legítimo tener un conjunto de ideales liberales y hasta libertarios, pero claramente no se podrían ejecutar desde un gobierno socialista.

De allí en más, se entiende que todo está mal. El dinero electrónico es malo si es un mecanismo de inclusión financiera, pero será lo mejor si es una nueva línea de negocio de los bancos. Las escuelas del milenio son malas si sirven para consolidar demanda y mejorar sustancialmente la calidad de educación que reciben los sectores más necesitados de la población y por eso serán mejores las escuelas unidocentes si es que permiten a las élites indígenas (en el sentido más académico de élite) mantener el control de las comunidades que no tendrán acceso a educación de calidad.

La ley de plusvalía es mala si sirve para frenar la especulación con el suelo y mejorar la opción de acceso a vivienda y será buena si permite que las grandes constructoras sigan haciéndose ricas a costa del derecho de la gente a tener vivienda digna.

El uso legítimo de la fuerza es malo si sirve para perseguir a delincuentes sentenciados por actos de vandalismo pero será bueno si sirve para desalojar de la plaza grande a quien ose pedir explicaciones al nuevo gobernante. La justicia es mala si sirve para juzgar en derecho a quienes atentan contra la vida de policías y es buena si sirve para perseguir a quienes luchamos para construir un Ecuador para todos.

Todos los que hemos creído en este proceso tenemos el derecho de sentirnos traicionados y debemos poder pedir explicaciones y exigir rectificaciones. Lenin, Si en verdad todo lo que se hizo durante 10 años estuvo tan mal, ¿por qué fuiste parte de ese gobierno? Fuente Suco Castillo.

2 COMENTARIOS

  1. Estoy totalmente de acuerdo con lo expuesto por Suco Castillo. Yo tambien he escrito al respecto, porque Lenin mas bien parece ser el candidato triunfante de la derecha, que fue precisamente la que se opuso a que él este a donde está gracias a nuestros votos. Considero que Lenin encarna la deslealtad, la traición a la Revolución Ciudadana y a todo un protecto. De seguir esta situación tendremos que tomar cartas en el asunto y no dejar solo a Correa porque él si luchó exponiendo hasta su vida por el verdadero pueblo ecuatoriano

  2. Asi es, tambien estoy de acuerdo con su escrito suco Castillo jamas nos imaginamos q este presidente anacleto iba a esperar el tiempo necesario para despojarse de su verdadera mentalidad y lo q mas nos disgusta es haber pasado malos ratos con discusiones entre amigos y parientes creyendo defender el proyecto ciudadano de alianza Pais

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